Francisco Tobajas Gallego
En el tomo V de los libros parroquiales de San Pedro encontramos las disposiciones del obispo de Tarazona, Esteban Villanova Colomer (1755-1766), con motivo de su visita a Saviñán, el 24 de marzo de 1757. En ellas señalaba que el vicario debía continuar enseñando la doctrina cristiana los domingos y fiestas de guardar. Si falleciera algún vecino sin otorgar testamento, el vicario debía hacerlo con lo preciso para el entierro. Mandaba al mayordomo de la iglesia y a los colectores que apuntaran en sus cuadernos, partida por partida, las décimas que pagaba cada uno de los feligreses, fueran: corderos, vino y trigo, así como del resto de los panes. El vicario de la parroquia o el regente debían publicar al pie del altar la décima y primicia que pagaba cada vecino, según los cuadernos. Si se sospechara que alguno había defraudado, debía mandar dar aviso al mayordomo, para providenciar contra aquel o aquellos lo que procediera en derecho y de justicia. También pedía al vicario o regente de la parroquia que publicara estos mandatos de la visita el primer día festivo en el ofertorio de la misa.
Aquella visita debió durar varios días. En el Archivo Parroquial se conserva un documento donde se enumeran todos los gastos ocasionados, que supusieron 146 libras y 11 sueldos. El obispo con su séquito debió hospedarse en el palacio de los Muñoz de Pamplona, que todavía no eran aún condes de Argillo (1776).
En esta nota se apuntaba la compra de un cahíz y cuatro medias de trigo, con su limpieza y moltura. Cuatro arrobas de besugos, con el aceite correspondiente para freírlos y escabecharlos. La compra de tres cahíces y cinco medias de cebada, con los portes. También se adquirieron manzanas esperiegas y camuesas, chocolate, dos libras carniceras de salmón y veintitrés cántaros de vino, de los que seis se utilizaron para elaborar aguardiente, mistela y ratafía. También se apuntaba lo gastado en pólvora y perdigones para cazar perdices y tordellas, y para las salvas. Se anotaron además veintitrés docenas y media de huevos de banasta, ocho libras de barbos, más los que se habían pescado en la acequia, cuatro capones, cinco pichones, doce coles de flor, truchas, tres conejos, una docena de perdices, tres cántaros de vino blanco, una arroba y media de garbanzos, dos almudes de judías, bizcochos redondos de canela, huevos hilados, bolados, peladillas, grajeas, dulces secos, almendras garrapiñadas, seis cajas de jalea, tres barajas de revesino, limas, tres mecheros, una mano de papel, dos docenas de tordellas, cinco libras carniceras y una tercia de tocino viejo, hortalizas varias, vinagre, dieciocho onzas de manteca y pasteles de mazapán.
También hubo necesidad de comprar: pimienta, clavillos, canela, azafrán tostado, piñones, arroz, abadejo, avellanas tostadas, almendras tostadas y sin tostar, miel para las doce fuentes de natillas, leche, clavos y tachuelas para entapizar. Asimismo se apuntaba lo gastado en traer agua de la Aldehuela y seis arrobas de nieve, además de un carnero, una cordera, carbón, uvas, diecinueve docenas de huevos frescos, azúcar, algodón y por amasar las coquetas y el pan. También se dio cuenta de lo que se había extraviado o roto. A Matoque se le había pagado por tirar las salvas y cohetes voladores, a Manuel Pura por los recados y al carpintero por hacer un encerado y otros remiendos en casa de don Miguel Muñoz de Pamplona y Pérez de Nueros (1731-1778), con dos tablas y ciento veinte tachuelas. A Juan Gutiérrez y a su mujer se les abonó por servir los días de la visita, a Antonia Pablo por dieciséis días, a Liberia por quince días y al carpintero Juan López por nueve días. A los músicos se les pagó a razón de cuatro días, más la comida que se abonó a Simón Ibáñez, que tendría a su cargo el mesón o posada.
Asimismo quedó constancia de lo pagado por ayudar a tapizar los cuartos del palacio, por trece cargas de leña, por trece días que había trabajado Crisóstomo Marco en el palacio y a Calvo, por ir con su burro dos días a Calatayud y tres días a Zaragoza, de donde había traído doce roscones, lechugas, espárragos, dos manos de papel blanco y dos cántaros de vino. Al cocinero se le pagaron dos duros y medio duro a Dionisio, ayudante de cocina.
Firmaba esta relación el mayordomo, mosén Pedro Martínez, y el colector, mosén Pedro Cuenca. Esta cuenta se recibió en la Sala Capitular, estando presentes: mosén Francisco Betrián, vicario; mosén Manuel Lafuente, presidente; mosén Francisco Carnicer, mosén Pedro Cuenca, mosén Pedro García, mosén Pedro Martínez y mosén Juan Antonio Pérez, beneficiados. En esta reunión se determinó que se consultase si estos gastos ocasionados por la visita pastoral, debían pagarlos los sirvientes de la iglesia o bien sacarlos del archivo parroquial. Hasta que la consulta fuera contestada, se acordó pagarlos del fondo de la parroquia.
En la Concordia de 1681 entre el concejo, el Capítulo Eclesiástico de San Pedro y la Comunidad de Aldeas de Calatayud, se había pactado que, en las visitas de los obispos, Saviñán pagaría dos partes de los gastos ocasionados y una parte la Señoría.





