Francisco Tobajas Gallego
La llamada calle Nueva fue abierta en 1904, tras la compra por el ayuntamiento del llamado Huerto del ciprés, perteneciente a los condes de Argillo, que habían heredado a su vez de la familia Funes, con quien habían estado emparentados, y esta última de los Sayas. Desde 1925 y por acuerdo municipal, tomaría el nombre de Luis Bordíu y Garcés de Marcilla, conde de Argillo, que más tarde se cambiaría por el de Agustina de Aragón. Pocos años después, siendo alcaldesa de Saviñán Lola Campos, recuperaría con buen tino su primera denominación de conde de Argillo, con la que hoy se conoce, despareciendo el nombre de Luis Bordíu y Garcés de Marcilla, a quien el ayuntamiento dedicó esta calle nueva.
El 29 de diciembre de 1904 apareció una crónica en El Regional de Calatayud, del recién nombrado corresponsal en Saviñán. En ella daba buenas noticias de las gestiones practicadas por el ayuntamiento, para la adquisición de un terreno en el centro de la población, que iba a aportar muchos beneficios. Primeramente iba a desaparecer el riego, que atravesaba las mejores calles del lugar y la plaza Mayor, mejorando las condiciones higiénicas de la localidad. El terreno se iba a destinar a la construcción de viviendas. Una vez comprado, el ayuntamiento lo había sacado a pública subasta, habiéndolo adquirido varios particulares, ganando el municipio unas 1500 pesetas, que se iban a destinar a mejoras del pueblo.
En 1904 era alcalde de Saviñán el carpintero Elías Cormán, que vivía en una casa que daba entrada a este huerto, frente a la casa de la familia Gracián. En una carta fechada el 13 de marzo de este mismo año, pedía al conde de Argillo que le vendiera una parcela que confrontaba con su casa.
El 10 de noviembre varios concejales firmaban otra carta dirigida a Cristóbal Bordíu. Se trataba de: Antonio Sarto, Isidoro Nalda, Francisco Pina, José Gracián, Matías Nonay y José Sánchez, que tenían diferencias con el alcalde Elías Cormán. En ella señalaban que, al convenir la venta del huerto, habían aceptado la condición de respetar la parcela que confrontaba con la casa del alcalde. Por ello le habían otorgado todos los metros que ocupaba de la fachada, pero Cormán pedía cuatro metros más, siendo imposible abrir la calle nueva por donde la habían planeado. La calle que quería Cormán tendría cuatro metros de ancho a la entrada, que pasarían luego a seis, quedando un rincón de dos metros. A la mitad, la calle tendría seis metros y medio y otros seis metros a la salida. El deseo de los concejales era que la calle tuviera seis metros, disponiendo las casas a ambos lados de forma paralela. Para ello incluían un croquis. En él consideraban que la parcela de Cormán debía ser el cuadrilátero formado por ma y mo, que suponían diecisiete metros. Cormán había señalado la entrada de la calle por ab, terminando al final en el ciprés, quedando la parcela bcdnp vendible a la parte de abajo. Cormán quería que su parcela estuviera comprendida por omabpro, dejando la entrada de la calle por bc, de cuatro metros, más cd, un rincón de dos metros, que afearía la calle. En np saldría una calle de seis metros y medio, no quedando paralelas las fachadas de la nueva calle. Esta cuestión había atrasado el pago de las 2050 pesetas convenidas. Le rogaban su pronta contestación, para solucionar el asunto.
En otra carta fechada el 12 de noviembre y dirigida a Cristóbal Bordíu, Elías Cormán le informaba que el ayuntamiento había tenido que recurrir a la subasta pública, por no haber aparecido compradores para el huerto. Señalaba que querían modificar la calle echándola por su casa. En un principio se había pensado abrir una calle de seis metros, pero entonces pensaban abrir dos calles, una de tres metros y otra de dos metros, aunque Cormán era partidario de levantar un lavadero y una fuente, que resultaban necesarios para la población. El vecino José Gracián estaba también en contra que le taparan las vistas de su casa. Cormán solicitaba la venta de una parcela contigua a su casa, a 1’50 pesetas el metro cuadrado.
El 19 de noviembre el administrador de la casa de Argillo, Eufemio Abad, informaba al conde que había tenido que ir varias veces a hablar con Cormán y con los concejales por separado. Después de haber escuchado a todos, había sacado en claro que Cormán quería la mitad del huerto por las 500 pesetas entregadas, que José Gracián no quería que se le hiciera sombra a su fachada y que los concejales defendían que Cormán no se llevara demasiado terreno si no pagaba su valor. El ayuntamiento quería dividir el terreno en cuantas más parcelas mejor, pues el consistorio no estaba en condiciones de hacer gastos. Añadía que la venta de los maderos del ciprés no se había llevado a cabo, por el compromiso adquirido con Elías Cormán.
El 30 de noviembre volvía a escribir al conde Elías Cormán, solicitándole el levantamiento de una pared que dividiera la calle, o que le abonara 200 pesetas para costearla por su cuenta. Pedía que en la escritura de venta de la parcela se incluyera también la casa, que había comprado antes. Le informaba que se había hecho una puentecilla en la calle, para que pasara el agua al jardín, por 50 pesetas, que debía ser también vendida, pues se habían llenado de agua las cuadras, las botiguillas y el corral, poniendo en peligro a los animales.
El 2 de diciembre Elías Cormán se dirigía de nuevo al conde de Argillo, informándole que ese mismo día, por encontrase enfermo, habían acudido a su casa el administrador de la casa, Eufemio Abad, y el notario, para que firmase la escritura de la venta del huerto. Le comentaba que próximamente iba a sacar la madera del ciprés del huerto y que tenía intención de dimitir como alcalde, debido a los disgustos y pérdida de sus intereses que había sufrido. El administrador le había aconsejado que no lo hiciera y que para quedar todos amigos, irían a comerse un cordero a la Aldehuela. Añadía que la alcantarilla de riego del jardín y huerto, que había sido costeada por la casa e Argillo, ya constaba en secretaría como vía pública, a cargo del municipio, que la pondría en condiciones para que no entrara el agua al corral como la vez pasada.
El 3 de diciembre Eufemio Abad escribía al conde que el día anterior, de acuerdo con Cormán, se había firmado la escritura del Huerto del ciprés con el ayuntamiento, reservando una parte para Cormán, quedando conforme con ello, quedando pendiente su escritura de la parcela y casa conjuntamente. Abad había tenido que poner de acuerdo a los concejales con Cormán, habiendo cobrado las 2000 pesetas que restaban.
Al final, saldría adelante la propuesta de Elías Cormán, que conseguiría una plazoleta delante de su casa, resultando una calle con fachadas paralelas, hasta la de San Ramón.





