Presentación de El Critiquín

Francisco Tobajas Gallego

En la biblioteca municipal de Calatayud, que lleva el nombre de Baltasar Gracián, recinto levantado a la Sabiduría por los jesuitas, tuvo a bien presentarse ayer, último día de las calendas de abril, un libro  titulado El Critiquín, remedo de aquel otro gran Criticón, que le valió a su autor tanta fama, como envidia y sobresaltos de parte de los padrastros de su Compañía, que al final fue soledad.

            Ante una reducida presencia de bilbilitanos, que se compensó con una alta consideración de los gracianistas presentes, entusiastas cabales de su figura, de su pensamiento, de su escritura y de su inmortal legado, se desarrolló el acto de la mano del presidente del Centro de Estudios Bilbilitanos, Jesús Gil.

Tras él, José Luis Cano tomó la ironía del rábano por las hojas escritas y señaló que el pesimismo rimaba, en consonante y en consonancia, con humorismo, su verdadera profesión. Reconoció que ya le había tentado Gracián para ilustrar su Criticón hacía ya como cuarenta años, aunque entonces las ilustraciones de Antonio Saura, dejaron parte de las suyas en el tintero.

            Tras un encuentro casual con Pilar Sánchez, surgió de nuevo la idea de retomar el viejo proyecto, y tras algunas tentativas de dibujos y estilo, se ha podido culminar esta vieja aspiración del dibujante e ilustrador. Toda una proeza cano-graciana.

            José Luis Cano matizó que las ilustraciones se habían llevado a cabo con pinturas acrílicas, trabajadas con un cartón. Tras una primera, precipitada y entusiasta revisión del libro, he encontrado algunos guiños a Goya, cómo no.

Aquella misma tarde, como Andrenios bilbilitanos, había acompañado a un amigo a ver y admirar, una vez más, los Caprichos de Goya, que lucen su sátira y socarronería, ilustradas e inmortales, en el museo municipal de la ciudad. Goya, con sus grabados, ilustra a la perfección las páginas de El Criticón, de cuyas crisis también podemos entresacar algunas frases que se ajustan a los Caprichos de Goya. Yo, por capricho, he hecho la prueba y os puedo asegurar que las palabras de Gracián comentan la mar de bien los caprichos goyescos.

            En el claustro del antiguo convento carmelitano, hoy museo, se exponen también unos preciosos trabajos llevados a cabo en relieve, con cartón y mucha imaginación, por Françoise  Amadieu.

            Pilar Sánchez Laílla ha tenido el valor y el acierto de abreviar El Criticón, lo breve, si bueno, dos veces bueno, con la intención de hacerlo más asequible a los lectores, que siempre han sido pocos y un tanto reticentes, ante este alarde literario y graciano.

            Tras las explicaciones dadas, tuvo lugar una lectura teatralizada de algunos pasajes de El Criticón, acompañada de un chelo también bastante graciano, mientras se proyectaban, como relámpagos y truenos de una tormenta graciana, las ilustraciones del libro.

Una tarde ganada, sin duda, dedicada a las buenas palabras y proclamas de Gracián. Gracián y Goya juntos en Calatayud…, y los paisanos tomando el aire en las terrazas, comentando el apagón… En fin. Con El Criticón, convertido en Critiquín bajo el brazo, no hay cierzo que pueda llevarse las palabras ni las emociones. 

Biblioteca Baltasar Gracián, 30 de abril de 2025