Francisco Tobajas Gallego
El 11 de marzo de 1755 y ante el notario de Saviñán José Carnicer y Pérez, habían comparecido mosén Pedro Yepes, apoderado y administrador de los bienes y rentas de la capellanía de mosén Pedro Bueso, de la que era capellán mosén Agustín Bueso, residente en Castilla; Félix Lassa, mancebo, y Antonio Gumiel, su abuelo, residentes en Torralba; mosén Bartolomé Gómez, administrador y apoderado de los mayorazgos y hacienda de Miguel Muñoz de Pamplona y Pérez de Nueros; mosén Ubaldo de Afuera, Juan de Afuera, Juan Gasca, José Benedid, Manuel Delgado y Ana García, viuda. Todos ellos señalaron que mantenían pleitos y diferencias sobre el riego de sus olivares con la acequia del Pozo Morillo de Trasmón. Para evitar más gastos, como consecuencia de las costas de los tribunales, pactaban una escritura de concordia.
Los siete primeros regantes de la acequia consentían que los diez primeros días de cada mes se regaran las estacadas de las capellanías de Bueso y de mosén Francisco Gumiel. Esta última estaba a cargo de Félix Lassa y Antonio Gumiel.
Nadie podía quitar el agua de la acequia fuera del día y de la hora que se le señalara, con una pena de 10 reales por cada vez. Solamente podría aprovecharse del agua en caso de perderse, saliendo de la heredad del regante.
Cada propietario debía limpiar su frontera de la acequia, para que el agua discurriera sin obstáculos, siendo obligación de limpiar la ajama una vez al año, de los poseedores de las capellanías de Bueso y de mosén Francisco Gumiel, en el tiempo acostumbrado.
Si acontecieran enrunas o roturas, serían a costa de todos los herederos, en proporción a la tierra que regaran, según las alfardas. Si ocurriera alguna rotura en otras acequias, se pagaría en relación con los olivos de cada propiedad.
Cada heredero debía regar por días y por horas. Las partes debían pagar las costas causadas por la firma posesoria que habían ganado siete de los regantes, que suponían 36 libras, 2 sueldos y 4 dineros, y las de esta escritura de concordia, haciéndolo a proporción de los olivos de cada heredero.
Si alguien quisiera regar heredades fuera de esta escritura, todos debían rebatirle el derecho. El que no lo hiciera pagaría 100 libras al resto de regantes.
Los pactos acordados eran los siguientes: La estacada del olivar de la capellanía de mosén Francisco Gumiel tenía de turno desde las cuatro de la tarde del último día de cada mes, hasta las cuatro de la mañana del día 8 del mes siguiente.
El olivar de la capellanía de mosén Pedro Bueso lo haría desde las cuatro de la tarde del día 8, hasta las cuatro de la tarde del día 10 de cada mes.
Ana Gasca tendría de turno desde las cuatro de la tarde del día 10, hasta las once de la noche del día 11 de cada mes.
A esta hora regaría Manuel Delgado, hasta las nueve de la mañana del día 14.
Desde esta hora pasaría el turno a la estacada de mosén Ubaldo de Afuera y Juan de Afuera, hermanos, hasta la una y media de la tarde del día 21 de cada mes.
A continuación regaría José Benedid, hasta la una de la tarde del día 23, que tomaría el agua Miguel Muñoz de Pamplona, hasta las seis menos cuarto de la tarde del día 27. A esta hora pasaría el turno a Juan Gasca, que lo haría hasta las siete y cuarto de la tarde del día 30 de cada mes.
Todos los herederos otorgaron esta escritura de concordia ante el notario.
En 1758 se iniciaría un pleito entre los regantes de las Sangreras y los del Pozo Morillo. Los de las Sangreras defendían su derecho de poder levantar un azud con cal, piedras y céspedes o estacas en el barranco de Trasmón, en la partida de las Olmedillas, por el que tomaban el agua para regar las Sangreras. Juan Jerónimo Martínez y Luis Larraga, regidor de Calatayud, se otorgaban el mismo derecho para regar sus heredades del Pozo Morillo, de día y de noche, en cualquier tiempo del año.
Entonces era regador de Trasmón Pedro Mateo, al que el anterior regador, Miguel Hernández, le había entregado un libro titulado Libro de las hanegadas de Trasmón para riego, donde estaban inscritas todas las heredades que se regaban con el azud, que se dividían en cuatro partes. La primera se llamaba la parte de allá del barranco, la segunda la entrada, la tercera el Cerro y la cuarta el Plano. En los meses de abril y mayo, toda el agua era para los trigos. El regador no se hacía cargo de las heredades que se regaban con el nuevo azud levantado en las Olmedillas, pues lo hacían sus dueños.
Entonces en el barranco de Trasmón se contaban ocho azudes, con sus correspondientes acequias. Para revisarlos se nombraron a dos personas peritas, Francisco Villalba y Juan de Afuera, quienes reconocieron el quinto azud levantado en las Olmedillas, para regar las Sangreras. Señalaron que se había construido hacía unos años sobre una poza y que era de cal.
Ya en 1632 se había pactado con el Concejo de El Frasno, que los herederos de Trasmón podían construir un azud sobre el barranco del Juncar, en la partida del Cubo. A mano derecha de este azud nacía la acequia de la Dehesa, que tenía el agua los diez primeros días de cada mes, excepto los meses de abril y mayo, que se destinaba a los sembrados. La acequia de la izquierda, llamada de San Blas, regaba los olivares hasta el 17 de cada mes. Los olivares del Cerro de Trasmón lo hacían durante otros siete días, hasta el 24 de cada mes, destinándose el agua de los seis o siete días restantes de cada mes, al llamado Plano de Trasmón.
Cerca de la ermita de San Blas se encontraba el albercón, donde se recogía el agua de la acequia de San Blas. Otras heredades disponían de balsas de diferentes capacidades, que aprovechaban el agua de las acequias y de las torrenteras.
En 1883 Pedro Antonio Gracián pagaba de la limpia del albercón de Trasmón 170 reales, por cuarenta hanegadas, a 4 reales y 25 maravedís la hanegada.







