Francisco Tobajas Gallego
El pasado 21 de abril de 2026 se llevó a cabo la inauguración de un edificio destinado a comedor, de la Academia de Logística de Calatayud, con el nombre de Sabiñán. En el mismo acto se inauguró también otro edificio dedicado a la localidad de Bubierca.
A este acto acudió una amplia representación municipal y vecinal de Saviñán, encabezada por su alcalde, Ignacio Marcuello. También se visitó el Museo de la Academia, que sería creada el 6 de noviembre de 2001. Se ubica en el acuartelamiento barón de Warsage, que sería inaugurado en el año 1926, con el nombre de Infante don Jaime.
En el año 1974 se establecería en él la Escuela de Formación Profesional nº 2 del Ejército, que dos años más tarde pasaría a llamarse IPE nº 2. La Academia de Logística la integran tres centros docentes: la Escuela de Logística y el Instituto Politécnico nº 1, ambos de Madrid, y el Instituto Politécnico nº 2 de Calatayud.

En este año de 2026 se conmemorará el primer centenario de la llegada de los primeros soldados a este primer cuartel del Infante don Jaime. Ya en la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 20 de agosto de 1918, se informaría que se había asignado a Calatayud el 9º Regimiento de Artillería pesada de campaña y el 9º Parque Divisionario de Artillería.
En la celebrada el 28 de mayo de 1919, se vería que el capitán de la 5ª Región aceptaba los terrenos ofrecidos por el ayuntamiento para este 9º Regimiento de Artillería. El 2 de julio y a proposición de las fuerzas vivas de la ciudad, se acordaría la contratación de un préstamo de 160 000 pesetas, amortizables en dieciséis años, en trescientas veinte obligaciones de 500 pesetas cada una, al 5% anual, para la compra del terreno para el cuartel. El 24 de septiembre se vería un oficio del gobernador, trasladando la aprobación de este préstamo por la Comisión Provincial.
En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 12 de enero de 1921, se daría cuenta de las gestiones de Darío Pérez ante el Jefe del Estado Mayor Central del Ejército, general Weyler, posibilitando la instalación en la ciudad de un batallón de ciclistas, si el ayuntamiento facilitaba un local para cuartel. En la del 27 de abril, se había leído un telegrama de Darío Pérez, que comunicaba una Real Orden del Ministerio de la Gobernación, en la que autorizaba al ayuntamiento de la ciudad a ceder al Ministerio de la Guerra los terrenos de El Empedrado. El 4 de mayo se vería un oficio del gobernador civil, trasladando esta Real Orden. En la sesión del 11 de mayo, el ayuntamiento acordaría firmar la escritura de cesión de estos terrenos, para la construcción del cuartel de Artillería. Los planos del cuartel se debían al capitán de ingenieros José Lafita.
El 22 de noviembre de 1926 el ayuntamiento agradecería al ministro de la Guerra y al presidente del Consejo de Ministros, el haber destinado a la ciudad el 12º Regimiento de Artillería ligera. La Voz de Aragón informaba el 8 de diciembre, que el ayuntamiento se había reunido para preparar los festejos de bienvenida al 12º Regimiento de Artillería, que iba a llegar próximamente a la ciudad.
El 5 de diciembre de 1926, Justo Navarro publicaba en El Regional un artículo sobre el cuartel, con motivo de la llegada de los primeros soldados, que anunciaban la próxima llegada del Regimiento en pleno. Recordaba las gestiones llevadas a cabo por Darío Pérez, al que se le debía sin duda, la construcción de este soberbio edificio.
En la sesión celebrada el 12 de julio de 1922, el presidente ya había elogiado la labor de Darío Pérez y Sixto Celorrio, pues la Comisión de Presupuestos del Senado había aceptado un millón de pesetas, que había sido consignado en el Congreso, para el cuartel de Artillería. El 8 de noviembre se vería una carta de Darío Pérez, anunciando que el Ministerio de la Guerra había ordenado la subasta de las obras del cuartel de Artillería. Se le daría el nombre de Acuartelamiento Infante Don Jaime. Navarro reconocía que había sido uno de los mayores detractores, cuando los viejos bandos de Sayas y Liñanes, convertidos esta vez en monárquicos y republicanos, se habían dedicado a perturbar la tranquilidad pública, siendo impedimento para el avance de la ciudad.
Con aquellas líneas, Navarro quería reparar su error y rendir un tributo de gratitud a aquel hombre, que había conseguido la construcción del cuartel en Calatayud. Darío Pérez y el cuartel serían siempre inseparables. Recordaba que en el acto de inauguración, el ex ministro de la Guerra y entonces capitán general de la 5ª Región, Felíu Olaguer, señalaría que Calatayud no hubiera tenido cuartel de Artillería, si no hubiera estado representado en el Congreso por un hombre de brío, entusiasmado y encariñado con su tierra, como Darío Pérez. Y finalizaba Navarro: Verdaderamente, ha llegado ya la hora por tanto tiempo suspirada y el momento en que podamos exclamar llenos de jubiloso entusiasmo: ¡Calatayud, levántate y anda!
Emilio Colás Laguía firmaba un largo artículo en La Voz de Aragón el 18 de enero de 1927, relatando la jura de bandera en el cuartel de Artillería de Calatayud el pasado día 16. El redactor consideraba que Calatayud hacía el efecto de una capital en miniatura, con su paseo de Linares, comercios, hoteles a la moderna, casinos, cafés y bares, pero consideraba que le faltaba un tranvía, de solo un coche, naturalmente. Aguardaría a los viajeros en la plaza de San Martín, para recorrer: la Rúa, travesía de Goya, plaza del Mercado, calle y plaza de San Miguel, calle de la Libertad y Ancha, plazas del Sepulcro y de San Benito, ronda de Burgos y paseo de Linares. Con este medio de locomoción, aseguraba el periodista, la ciudad se convertiría en la segunda capital de la provincia.
En el nuevo cuartel del infante don Jaime, donde se había destinado al 12º Regimiento de Artillería ligera, los reclutas habían jurado la bandera, a la que habían asistido autoridades militares, civiles y religiosas. También lo habían hecho representaciones del Somatén, de la Unión Patriótica y de los Exploradores, además de los niños y niñas de las escuelas, con sus banderas.
Aquel día solemne se había servido a la tropa: cocido con jamón, chorizo, tocino y carne, filete de cerdo con tomate, pasteles, naranjas, café, puros y vino. En el banquete, que se serviría para más de doscientos comensales, se dispondría en el menú de: entremeses variados, arroz a banda, langosta o langostinos, con varias salsas, espárragos Ochoa al natural, pollos a la Gran Duque, fiambres Gran Visir, dulces, quesos y frutas, además de champán Moët & Chandon y vinos blancos y claretes de Rioja, de las bodegas Franco Españolas y de Martínez Lacuesta. Para terminar: café, licores y habanos. Tampoco faltarían los discursos de Antonio Bardagí y del capitán general. Amenizaría la comida el sexteto que dirigía el maestro Tomás Castejón, con algunas composiciones de Marquina.

A las cuatro de la tarde, las autoridades e invitados asistirían a la inauguración de la sucursal del Banco Español de Crédito, que abría sus puertas en la calle de Dato. En la plaza de Maura, de tres a cinco de la tarde, la banda dirigida por el maestro Castejón ofrecería un concierto, con fuegos artificiales. A las cinco de la tarde, en el Casino Bilbilitano se serviría un vino de honor a los jefes y oficiales del Regimiento. Amenizaría el acto la rondalla que dirigía Mariano Rubio. María Torcal y Enrique Guerrero entonarían algunas jotas. Una de ellas decía:
La ciudad está de gala
por venir los artilleros,
por eso dicen las chicas
¡de Calatayud al cielo!
El Círculo Independiente invitaría a las clases subalternas a otro vino de honor, a las seis y media de la tarde. Su presidente, Francisco Zabalo, saludaría a las autoridades. A las nueve de la noche tendría lugar una retreta militar, que recorrería las calles y plazas de la ciudad, acompañados por la banda de música. En la fonda de La Campana se serviría la cena, a base de: paella, merluza frita y cabrito asado, con vino tinto, clarete, sidra, champán y coñac. De postres, dulces y frutas, con café y habanos. A ella asistirían representantes del ayuntamiento, de los casinos y de la prensa.
Fotografías: Academia de Logística y F. Tobajas Gallego





