Castillo Casa de Tobajas

Francisco Tobajas Gallego

  El apellido Tobajas parece provenir de tierras sorianas, concretamente de la Casa de Tobajas, cercana a Carabantes. Se crearía cuando los vecinos de este lugar se trasladaran a otros pueblos vecinos.

  En el fogaje de 1495 ya se cita en Bijuesca a Martín de Tovaxas, en Berdejo a Miguel Tovallas y en Torrelapaja a Joan de Tovajas, Pero Tovajas, la de Joan Tovallas y Pedro Tovajas. Estos pueblos aragoneses están cerca de Carabantes. De estos lugares debieron emigrar al valle del Aranda. Los Tobajas de Saviñán venimos de Illueca, villa de los Martínez de Luna y luego del marqués de Villaverde, que fue quien compró a la casa de Luna sus posesiones y títulos nobiliarios.

  En un protocolo de 1564 del Archivo de la familia Gracián de Saviñán, se cita a un Pedro Tobajas, estudiante y vecino de la ciudad de Calatayud.

  En 1530 Casa de Tobajas sólo tenía dos vecinos. En el Catastro de la Ensenada no figura ningún vecino. En este Catastro sólo aparecen cinco vecinos con el apellido Tobajas en toda la provincia de Soria. José Tobajas, labrador de Carabantes, que tenía tierras en Peñalcázar, Manuela Tobajas, labradora de Carabantes, que tenía tierras en Reznos, José Tovajas, sacristán de Soria, Manuel-Antonio Tobajas, sacristán de Soria, y Josefa Tovajas Ruiz, tratante de mercería de Soria. En el Diccionario de Madoz (1845-1850), Casa de Tobajas figura como despoblado.

  Casa de Tobajas está situada a un kilómetro y medio al noroeste del lugar de Carabantes. Daremos con ella siguiendo la estrecha carretera que conduce desde La Quiñonería hasta Carabantes, tomando un camino que sale a mano izquierda, antes de llegar a esta última localidad.

  En 1727 mosén Miguel Morlanes, de Saviñán, residía entonces en La Quiñonería, anexo a Peñalcázar. En este año, mosén Miguel Morlanes casó en San Pedro de Saviñán a Sebastián Ibarra Percebal con María Gumiel Morlanes.

  A la salida de La Quiñonería nos encontraremos con la ermita de la Virgen Blanca. Todo son tierras de labor, donde se cultiva girasol y cereal, aunque también se ven grandes corrales de ganado. Los chopos muestran el camino del agua. En las orillas de los barrancos o cursos de agua, los paisanos cultivan manzanos. En los montes cercanos prosperan las carrascas.

  Casa de Tobajas se sitúa en un pequeño resalte en la vega del río Vigas o Carabán, a novecientos ochenta metros de altitud. Está rodeada de montes salvo por el sureste, en cuya dirección se encuentra el lugar de Carabantes, encaramado en un cerro, a la entrada del valle.

Se trata de una torre defensiva bajomedieval de planta rectangular. Algunos piensan que es árabe del siglo XI, en cambio otros aseguran que es obra cristiana de repoblación del siglo XII. Sobre ella se edificó otra torre que ha perdido la pared suroeste, donde estaba la entrada. También se conserva parte de una casa señorial de los siglos XV-XVI, aunque hay quien señala que es del siglo XVII, con buena sillería en esquinas y vanos. Estas edificaciones estaban rodeadas de una barbacana no defensiva, aunque de buena altura, que permitiría albergar construcciones domésticas, como cuadras y almacenes.

   A mediados del siglo XV era señor de Tobajas y Albocabe, un despoblado soriano entre Gómara y Almenar, Juan de Barnuevo, que pertenecía a uno de los doce linajes de Soria. Pero este noble señor cayó en desgracia y fue desposeído de sus señoríos, aunque su hija Elvira de Barnuevo también poseyó el señorío de Tobajas. Luego pasó a un nieto de esta última llamado Diego de Valdivieso, tras el cual se pierde la pista de los señores de Tobajas. A finales del siglo XVI Diego de Valdivieso puso pleito a los Concejos de la Peña, Quiñonería, la Alameda y Carabantes, sobre ciertas franquicias y derechos que le negaban. En 1595 los concejos reconocieron la hidalguía del señor.

  En la primera mitad del siglo XIX aparece como terrateniente de Saviñán, Ceferino Carrillo. El linaje de los Carrillo es oriundo de Castilla, pero entroncó en Aragón con la casa de los marqueses de La Vilueña, por matrimonio de Miguel Carrillo Barnuevo con Francisca Zapata y Zapata, que aportó el título nobiliario.

  Los escudos de esta casa señorial de Tobajas, que se encontraban en la puerta principal de la muralla, fueron expoliados. Se trataría de dos escudos, uno de ellos datado entre los siglos XIII o XIV, y el otro de finales del XVI o de principios del XVII, coetáneo de la vivienda. Se piensa que uno de los escudos tenía cuarteles simétricos. El primero correspondería al linaje de Valdivieso, el segundo a los Barnuevo, el tercer cuartel quizá lo fuera de los Ruiz o de los López, y el cuarto podría corresponder al linaje de los Zúñiga.

  En el cercano cerro del Collarizo se pueden avistar unos amontonamientos de piedras. Los arqueólogos piensan que se trata de un castro celtibérico, datado en la I y II Edad del Hierro, no un poblado musulmán como aseguran otros autores. Una fuente cercana recibe el nombre de la Fuente del Moro, relacionada con la leyenda de Casa de Tobajas, que se publicó en el periódico Urbión de Soria.

  La leyenda dice que el último señor de Tobajas vivía en esta casa señorial con su única hija y sus criados. En esta época de la reconquista todavía quedaban por los alrededores cuadrillas de musulmanes. Uno de ellos se enamoró de la joven de Casa de Tobajas. Sobornó a una vieja criada y cuando la joven fue a la fuente próxima a la casa, la raptó. Corrió con ella y detrás de unas peñas le quitó sus vestidos para ponerle otros. Un jinete tomó el vestido de la joven y partió hacia Reznos. El captor montó en otro caballo a la joven y partieron hacia Torrelapaja.

  En Casa de Tobajas todo fue alboroto, al comprobar que la joven heredera no estaba en la casa y tampoco la encontraban los criados en la fuente, en la huerta ni en la vega. Algunos criados partieron a caballo, encontrando algunos restos del vestido en el camino de Reznos y en la Bigornia, que habían sido arrojados por el jinete para despistar, pero la joven no apareció.

  A los ocho días justos, el último señor de Tobajas partió de su casa con la intención de no volver nunca, promesa que cumplió.