Francisco Tobajas Gallego
El pasado 27 de noviembre de 2024 tuvo lugar la cuarta y última charla dedicada esta vez a la faceta de poeta popular de Sixto Celorrio Guillén , del que se conmemora este año el centenario de su fallecimiento, dentro del ciclo de conferencias Calatayud en la Edad de Plata de la Cultura Española, que ha organizado el Centro de Estudios Bilbilitanos, con coordinación de José Ángel Urzay y colaboración del Ayuntamiento de Calatayud.
El presidente del CEB, Jesús Gil, presentó al conferenciante, escritor, profesor y coleccionista, Javier Barreiro, que recientemente ha coordinado el último número de la revista Turia, que incluye un monográfico dedicado a José Verón Gormaz.
Javier señaló que Sixto Celorrio solamente era conocido por tener una calle en el callejero de Zaragoza y otra en el de Calatayud, donde tampoco se conocía demasiado su figura literaria. En su tiempo había sido centro de elogios y de honores, pero en los tiempos actuales pocos lo conocían con profundidad. Sixto había publicado solamente dos libros, uno de ellos al alimón con Alberto Casañal, siendo autor de coplas de jota, que se seguían cantando y grabando.

Javier se quejaba porque nadie todavía había escrito nada de Sixto Celorrio. Había revisado en el Archivo Municipal los números extraordinarios que publicaron en 1925, en conmemoración de su primer aniversario, los diarios locales La Justicia y El Regional, recogiendo los actos del homenaje, que había sido organizado desde el ayuntamiento por Antonio Bardagí, y donde se podían leer elogios y tributos, pero sin hacer ninguna referencia a su biografía.
El conferenciante señaló que las coplas y las narraciones de Celorrio habían trascendido más que su faceta de político republicano en su juventud y luego liberal, partido en el que militaría de por vida. Sixto ocuparía los cargos de: diputado provincial, presidente de la Diputación de Zaragoza, gobernador de Granada, diputado a Cortes por Daroca y senador por la provincia de Zaragoza.
Javier había encontrado sus primeras colaboraciones en la prensa madrileña, en las páginas de Madrid Cómico en 1890, aunque también colaboraría en otros periódicos, como: El Imparcial, Heraldo de Aragón o La Derecha, donde aparecerían publicados sus primeros cantares en 1894. Siempre se trataba de narraciones muy breves y coplas, con las que había sido premiado en los Juegos Florales de Calatayud y de Zaragoza.

Solamente había publicado dos libros de coplas: Paella Aragonesa, de 1901, con prólogo de Eusebio Blasco, y Jotas, 1911, en colaboración con Alberto Casañal, el coplista más dotado de su generación, con un prólogo debido a los hermanos Álvarez Quintero. Estos libros le habían granjeado todo tipo de elogios y reconocimientos. Julio Cejador lo incluiría en su monumental Historia de la Literatura Española, Castán Palomar en su antología de 1927, Galán Bergua también recogería una narración corta, formando parte de otras antologías más actuales. Pedro Montón Puerto se referiría a Celorrio de manera elogiosa y crítica a la vez.

Javier señaló que los periódicos de la época habían sido siempre tierra abonada para coplas de todo tipo. Desde 1880 a 1920, todos los escritores la habían practicado. Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado, Rubén Darío… Las coplas se cantaban en cuplés y zarzuelas, y a veces se modificaban de una ciudad a otra, tratando temas locales. Mefisto regalaba cada día una copla desde las páginas de Heraldo de Aragón, comentando con gracejo algún tema de actualidad. Las coplas de jota también se habían cantado, notándose, de un tiempo a esta parte, de una renovación necesaria de temas y aptitudes. Entre los mejores coplistas recordaba a los siempre premiados: Mario Bartolomé, José Verón o Miguel Ángel Yusta.
Sin embardo Javier señaló que en los tiempos actuales nadie componía coplas, que venía a ser la forma más popular por la que se expresaba el pueblo, echando mano de la sátira y de la crítica social. Consideró que las mejores coplas de Celorrio eran las satíricas, que ya había cantado José Oto. Otras coplas de Sixto eran de obligada ejecución en el Certamen Oficial de Jota de Zaragoza. También repasó algunas coplas antifeministas, hoy mal vistas, y otras más tiernas, de las que hizo una amena selección y lectura.

Javier consideró que Sixto Celorrio no sería considerado como el gran escritor bilbilitano del siglo XX. La ciudad también se había olvidado de Joaquín Dicenta, que siempre se había mostrado orgulloso de su nacimiento en Calatayud. Recordó que Dicenta había tenido estatua en su ciudad y que no merecía tampoco el olvido.
El presidente del CEB emplazó a todos a las próximas conferencias, que se desarrollarán a los largo del mes de noviembre del próximo año, dedicadas esta vez a destacados científicos bilbilitanos.

La Justicia, Calatayud, 1925

