Del nacimiento del mito de La Dolores al Homenaje a la Mujer Bilbilitana

Francisco Tobajas Gallego

 El pasado 6 de diciembre, en el Salón Multiusos del Ayuntamiento de Calatayud, Carlos de la Fuente Sanjuán desarrolló la primera de las conferencias programadas en un ciclo titulado Calatayud en la Edad de Plata de la Cultura Española, que ha organizado el Centro de Estudios Bilbilitanos, bajo la coordinación de José Ángel Urzay, con colaboración del Ayuntamiento de Calatayud.

Urzay señaló que en esta época, considerada como la Edad de Plata de la Cultura Española, se había producido el fallecimiento de dos personajes importantes para Calatayud: Juan Blas, en 1923, y Sixto Celorrio, en 1924. Y en ella habían desarrollado su actividad otros personajes no menos importantes, como: Pablo Remacha, Pascual Marquina, Benito Vicioso, Valentín Gómez, José Muñoz Román, Sixto Celorrio, Darío Pérez, Mariano Gaspar, Salvador Minguijón o Manuel de Andrés Rodero, entre otros.

Consideró este Homenaje a la Mujer Bilbilitana, como el acto social más importante celebrado en Calatayud por aquellas fechas, que tuvo lugar en el desaparecido Coliseo Imperial. Urzay presentó al conferenciante, considerándole, con razón, como guardián de la historia y de la cultura bilbilitana.

Carlos de la Fuente comenzó su charla hablando de Feliu i Codina, que había alcanzado un éxito arrollador en Madrid, con la representación de su drama La Dolores, con María Guerrero en la escena, tras su estreno, también exitoso, en Barcelona. Se trataba de un drama rural, con guiños al regionalismo naturalista y al teatro del siglo de oro español. La escritora Pardo Bazán elogió la obra. Poco después llegaría la ópera de Tomás Bretón, que se repondría en numerosas ocasiones. En 1897, Feliu obtendría el premio Piquer, de la Real Academia Española, por su obra María del Carmen.

Calatayud sería la primera ciudad aragonesa en convocar Juegos Florales con este nombre en 1893, siendo su mantenedor el mismo Feliu i Codina. Estas fiestas de origen provenzal, habían sido recuperadas por el Romanticismo, en las cuales la mujer, como alma de la fiesta, recibía alabanzas de los poetas. Para la fiesta de 1896, Darío Pérez ideó un homenaje a La Dolores de Feliu en la plaza de toros, aunque no se llevaría a cabo.

En 1923, el director Maximiliano Thous había rodado una película sobre la Dolores, que estaba basada en la novela de Feliu, que se había publicado por entregas y escrita por un negro, según las malas lenguas, que debía conocer bastante bien Calatayud, por los datos que ofrecía en ella. Su estreno en abril de 1924, sería todo un éxito. Feliu debió tomar esta idea del mismo Darío Pérez, quien le había confesado en una ocasión, estar escribiendo una novela sobre la Dolores, que tituló La María y que continúa inédita.

Tomás Bretón, La Dolores

El 30 de abril de 1924, Darío Pérez publicó un artículo en Heraldo de Aragón, con el título La Dolores del cantar, en el que proponía borrar el estigma de la copla infamante. La propuesta fue apadrinada por el Ayuntamiento de Calatayud, con Antonio Bardagí a la cabeza, quien formó una comisión organizadora. Darío Pérez siempre defendió un sano baturrismo, criticando al Aragón de pandereta y a la siempre soez batuburrilandia. Sin embargo, confesaba su simpatía por escritores como Mariano Baselga, Ram de Víu o el mismo Sixto Celorrio, a quien comparaba con Serón y Marcial.

A las 500 pesetas que ofreció el ayuntamiento de la ciudad, se unieron otras 500 pesetas del director de ABC. 1000 pesetas se ofrecieron por una copla de cuatro versos, que desvirtuase la copla de la Dolores, lo que atrajo la atención de toda la prensa nacional.

En otro artículo publicado el 11 de mayo en Heraldo de Aragón, Darío Pérez proponía la celebración de un Homenaje a la Mujer Bilbilitana, a la que debían acudir los poetas para destruir la leyenda y el agravio de la copla infamante. Ante esta propuesta, hubo prensa a favor y en contra. El mismo Gómez de la Serna afirmaba que esta copla que se buscaba, evitaría las preguntas impertinentes de los viajeros del ferrocarril en la estación de Calatayud y otras groserías de burdel. Otros llegaron a calificar al homenaje de homenajico o homenajuco, tachándolo con otros adjetivos como: pintoresco, loco, inmoral y hasta patriotero. Parte de esta prensa llegó a insultar a Darío Pérez, considerando la fiesta de inoportuna y sin motivo. Incluso algún periodista lo usó para criticar de paso a la prostitución. Hasta Edgar Neville se entretuvo en idear coplas, en las que hacía a la Dolores amiga de senadores y de otros empleos. Fernández Flórez, pedía con razón otros homenajes a los barberos y seminaristas, como Lázaro, un personaje del drama.

Darío Pérez García

Sin embargo, otros periódicos como El Noticiero, Heraldo de Aragón o El Regional defendieron este homenaje, publicando en sus páginas los preparativos y el éxito cosechado en Calatayud.

Para jurado se eligió a Gregorio García Arista, que a la sazón tenía amistad con Darío Pérez, Genaro Poza, ambos del Ateneo de Zaragoza, y a Mariano Baselga. Al concurso se presentaron casi doce mil coplas, pero ninguna, a juicio del jurado, logró el esperado premio. Darío Pérez pidió a García Arista que, al menos, el jurado eligiera algunas coplas, las más notables, para cantarlas en la fiesta. Incluso el mismo García Arista sufriría algunos chantajes, que le provocarían un trauma de por vida, del que dio buena cuenta en artículos y en sus memorias.

La esperada fiesta del homenaje tendría lugar el 12 de septiembre de 1924, en el Coliseo Imperial. A esta celebración se unió la inauguración de las escuelas de Campiel y adjudicación de un tramo del ferrocarril Santander-Mediterráneo. Para ello se invitó a una comisión del ayuntamiento de aquella ciudad cántabra y a la escritora montañesa Concha Espina, que aceptó el nombramiento de mantenedora de la fiesta y escribió un discurso para la ocasión, que fue leído por la actriz María Palou, que hacía bolos por aquellas fechas en Calatayud. El alcalde de Calatayud tendría la fortuna de entregar a la escritora un despacho real, con la concesión de la Banda de María Luisa. Los participantes asistirían al día siguiente a una excursión al Monasterio de Piedra, a una obra de teatro y a los consabidos banquetes de sociedad.

Concha Espina y sus damas

Pero cuando llegó el turno de conocer al autor de la copla recomendada por el jurado, resultó ser anónima y aquello provocó más de alguna decepción. Al conocerse la noticia, parte de la prensa criticó con más rabia aún este homenaje. A esta labor se unieron algunos periodistas, que lo habían defendido anteriormente, tachándolo ahora de ridículo y de misógino. También recibió críticas el jurado que, según algunos, había actuado en contra de Calatayud. Por su parte, el semanario La Justicia arremetió contra su contrario, El Regional, que había defendido siempre la fiesta. También La Derecha lo consideró un ruidoso fracaso.

Pero el director de ABC, con apoyo de Darío Pérez, que sería miembro del jurado, convocó otro concurso para el año siguiente, con las 500 pesetas que le habían devuelto de Calatayud. Y esta vez sí que hubo ganador. Fue un maestro nacional de Castalla, Alicante, de nombre Vicente Ramírez.

Después de dar a conocer todos aquellos avatares, Carlos de la Fuente consideró a este Homenaje a la Mujer Bilbilitana, como el más famoso certamen celebrado en Calatayud hasta la fecha. Y ya ha transcurrido todo un siglo.