La ermita de Santa María

Francisco Tobajas Gallego

En los Gozos de la Virgen del Río, a la que siempre se invocaba en tiempo de sequía, se cuenta que la Virgen bajó por el río Jalón, deteniéndose en Saviñán, aunque siempre se ha tenido por más milagroso ir a contracorriente de las aguas. Así ocurrió con la cabeza de San Frontonio, uno de los Innumerables Mártires que acompañaron a Santa Engracia, cuya cabeza fue arrojada al Ebro y a contracorriente llegó por el Jalón hasta Épila, donde se venera como Patrón.

            La ermita de Santa María o de la Virgen del Río la sostenía la denominada Cofradía Mayor, que poseía rentas de tierras propias y otros ingresos. A ella pertenecían los vecinos de Saviñán, Paracuellos, Embid y Santos. Posteriormente se cita también a Sestrica.

            En el Archivo Parroquial se guarda un pergamino fechado en 1419. En este año, doña Antonia, mujer de Pedro Valero, había otorgado testamento con el notario Torralba, de Paracuellos de la Ribera, ante los testigos Domingo Aurita y Pedro de Burgos, vecinos de Saviñán. En él dejaba un aniversario perpetuo en Santa María, pagado con buen pan, buen vino y buena carne de carnero, a saber, una pierna y una espalda, a satisfacción del vicario y clérigos del Capítulo de Santa María. Para ello dejaba un «figueral» en el Alape y una finca en las eras.

            En su visita pastoral a Saviñán, el obispo de Tarazona, Pedro de Luna, pedía en 1574 «que la renta se puede gastar en casar huérfanas de los mismos cofrades, o, en otras obras pías que parezca y no se gaste la dicha renta en comidas ni otras profanidades». Por eso pedía que fueran a tratar de la renta con él o con el vicario general de Calatayud. Carlos Muñoz Serrano, canónigo y vicario general, apuntaba en 1579 que la Cofradía de Nuestra Señora de los lugares de Saviñán, Paracuellos, Embid y Santos, tenía treinta cahíces de trigo, con los que se celebraba una capellanía o misal en Santa María de Saviñán. Como para celebrar tenían un cáliz con el pie de alambre y no tenían misal, prohibía a los clérigos celebrar misa, bajo pena de 5 ducados. Al prior, mayordomos y cofrades les pedía que compraran de los bienes y rentas un misal y un cáliz de plata, antes de seis meses.

Pergamino de 1419. Archivo Parroquial de Saviñán

            Mosén Antón Villalba, como prior de Santa María y vicario de Saviñán, avisó el 10 de mayo de 1579 a mosén Magallón, al procurador lego Roque Lafuente y al del poder Juan Abas. De Paracuellos avisó a mosén Fernando y a Pascual Villalba, que era del poder. De Embid avisó a mosén Juan Ximénez y a Gregorio Carnicero, y a mosén Juan de la Plana, de Santos.

            En la visita del obispo Pedro Cerbuna, en marzo de 1588, se decía que en la ermita de Santa María estaba fundada la Cofradía Mayor de Nuestra Señora de Septiembre», que tenía mucha renta que gastaban en comer los cofrades. El obispo pedía que con esta renta debían hacer un retablo, pues no tenían más que una cortina pintada. Debían reparar también las paredes en un plazo de diez meses, bajo pena de mandar no tocar la renta de la Cofradía para la comida de los cofrades. El obispo Fr. Diego de Yepes les retiraba la licencia para gastar la renta en la comida, mientras no hicieran el retablo y pagasen lo que debieran. En 1618 el obispo Martín de Terrer señalaba que la comida de la Cofradía Mayor, a la que concurrían los cuatro pueblos era exorbitante y contra el Concilio. Pedía que comieran sólo el día de las cuentas las personas que debieran darlas y siempre con moderación. Si quisieran hacerlo como hasta entonces, lo harían a su costa, sin tocar las cuotas de entrada, que se destinarían para sufragios. Mandaba que los beneficiados de los pueblos no fueran a comer, salvo el prior, cargo que pasaba cada año alternativamente a los cuatro lugares.

            El 16 de febrero de 1681 murió el mancebo José Gil, mayoral del ganado de Diego Muñoz de Pamplona. Contaba con 28 años. El día anterior, a eso de las cuatro de la tarde, le había caído «un paretón de la torre de Santa Maria y lo cogió debaxo». Por su alma dejó las soldadas que le debían.

            El 31 de agosto de 1781 ocurrió una desgracia en el Portijuelo. Mientras estaban sacando yeso para reparar la fábrica de Nuestra Señora del Río, se desprendió un pedazo de monte que atrapó a cuatro trabajadores. Más de cien vecinos fueron a retirar la tierra caída, hallando el día 1 de septiembre al anochecer el cadáver del albañil Miguel Berdejo. El día 3 encontraron sin vida los cuerpos de Francisco Asensio, Pedro Asensio y Babil Calcena, que fueron enterrados en San Blas. Quizá fuera por entonces cuando, acabadas las obras, se colocara el retablo neoclásico de la Virgen del Río, haciendo del antiguo busto de la Virgen una imagen de vestir.

            Según las Ordinaciones de Saviñán y su Señoría de 1562, nadie podía tener fiemo en las entradas y salidas del pueblo, o sea, desde la puerta de la Señoría hasta la esquina del campanar de Santa María, desde la casa del morisco hasta el Olivarejo, y desde la puerta del lugar, bajo la casa de Pedro Cuenca, hasta pasado el huerto de Diego de Luna. En una visita del obispo Fr. Diego de Yepes a la Señoría en 1605, pedía al justicia y a los jurados de la Señoría que retiraran inmediatamente el estiércol que se amontonaba en los vagos y corrales, detrás de la iglesia de San Miguel, y que quitaran las balsas del huerto de encima de Santa María, porque causaban gran indecencia.

            La ermita de Santa María tenía dos puertas, una daba a la Señoría y otra a la calle de Santa María, que era la entrada al pueblo desde el camino de las huertas, que cruzaba el puente sobre el río. Por ellas podían entrar y salir con sus procesiones. En la Consueta de 1600 se anotaba la celebración en Santa María de la fiesta de la Natividad de la Virgen y de Santa Lucía.

            José Gracián cuenta en sus Notas para la historia de Saviñán, 1919, que tras una grave inundación a principios del siglo XIX, el retablo neoclásico de Santa María, se subió a la iglesia parroquial, volviendo a su ermita en 1820. Sobre 1860 la ermita debió cerrarse al culto, trasladándose de nuevo el retablo a la parroquial, ocupando la parte del evangelio del presbiterio, pero a finales de siglo se subió a la ermita de San Roque. La ermita de Santa María se convirtió en macelo, en contra de la opinión de los obispos. Actualmente se utiliza como sede de varias asociaciones locales.

            El busto de la Virgen del Río, imagen renacentista del XVI, se restauró entre los años 2009-2010, a iniciativa del párroco Nicolás Sebastián. Este busto de la Virgen, que recuperó su forma y colores primitivos, se colocó sobre el sagrario de la parroquial de San Pedro. En los talleres de Artemartínez, de Horche (Guadalajara), se realizó posteriormente una copia del busto de esta imagen, que acondicionada como talla, se colocó, recuperando los vestidos de la antigua imagen, en el mismo retablo neoclásico la tarde del 15 de agosto de 2015, día de la Asunción de la Virgen, poco antes de la oración de las vísperas, que tiene lugar en la ermita de San Roque, como antesala a la fiesta del Patrón.