Fotografía y costumbrismo: imagen pública, imagen privada

Francisco Tobajas Gallego

El pasado 13 de noviembre de 2024, se celebró la segunda de las conferencias programadas en el ciclo: Calatayud en la Edad de Plata de la Cultura Española, que ha organizado el Centro de Estudios Bilbilitanos, bajo la coordinación de José Ángel Urzay y colaboración del Ayuntamiento de Calatayud.

            En esta ocasión participaron: Carmen Agustín Lacruz y Manuel Clavero Galofré, con una conferencia que llevaba por título: Fotografía y costumbrismo en Calatayud: imagen pública, imagen privada. Ambos están vinculados a Calatayud y a sus fotógrafos, con varios estudios publicados en la revista del CEB, Cuarta Provincia y en las Actas de los dos últimos Encuentros de Estudios Bilbilitanos.

            Urzay señaló que los autores eran especialistas en el estudio de los fotógrafos bilbilitanos y en su charla, con un componente visual extraordinario, se iba a dar buena cuenta de un mundo desaparecido, recuperando la imagen pública de Calatayud y de sus vecinos, donde se barruntaba un floreciente dinamismo social y cultural.

            Carmen Agustín repasó los primeros pasos de la fotografía, con los franceses Niépce y Daguerre en 1839. El Estado francés les compraría la patente a estos investigadores, poniéndola a disposición de la humanidad. Esto provocó que estas primeras técnicas fotográficas se expandieran con rapidez. Seis meses más tarde a este hecho, aparecerían en Madrid y Barcelona los primeros daguerrotipos. Estos primeros registros fotográficos eran muy artesanales, laboriosos y lentos, pero democratizaron el retrato, proporcionando unas tarjetas de visita muy demandadas, con las que se formaban álbumes, con los retratos de los componentes de la familia, a los que se añadían otros, como actores, nobles y reyes, y se intercambiaban o se ojeaban en los vestíbulos de las viviendas, mientras se esperaba a ser recibidos.

            Los fotógrafos Disderi y Nadar industrializaron la fotografía, poniendo de moda la tarjeta de visita a precios económicos. La llegada del ferrocarril a Calatayud en 1863, produjo un crecimiento económico de la ciudad, con la puesta en marcha de harineras, azucareras y alcoholeras. En esta época, los fotógrafos se instalaban en la plaza de San Andrés, bajando más tarde a la parte baja de la ciudad. Ya en el siglo XX los periódicos y revistas impulsarían también la fotografía, para incluirla en sus ediciones.

J. Laurent: Vista de Calatayud

            El francés Laurent, establecido en la Carrera de San Jerónimo madrileña, llevó a cabo su negocio con otros fotógrafos, a través de la línea del nuevo ferrocarril, utilizando un estudio portátil, alojado en un pequeño carromato, fotografiando con buena calidad obras públicas, en Alhama y en Embid, y monumentos destacados. De 1863 databa la primera fotografía estereoscópica de la portada de Santa María y una vista de ciudad fechada en 1870.

            De entre los primeros fotógrafos de aquella época encontramos la primera fotógrafa aragonesa conocida: Dolores Gil Pérez (1842-1876), de Almonacid de la Sierra, que había casado con Bernardino Pardo. Su familia era oriunda de Calatayud. Fue una fotógrafa ambulante, reproduciendo vistas de Barcelona, Vic, Olot y Calatayud, donde abriría su taller en la plaza de San Andrés. Se desplazaba para su trabajo en ferrocarril. Otras de la misma época serían: Victoria Lardiés, fallecida en 1845, viuda del fotógrafo Bernardino Pardo, viudo a su vez de Dolores Gil, y Florentina Pelegrín, de Morata de Jiloca, viuda de Amayra, que abriría un importante gabinete en Madrid.

            También pertenecía a esta época Rafael Blasco (c. 1827-1883), quizá de segundo apellido Martínez, que pertenecía a una familia de pintores. En Calatayud pagaba impuestos a su ayuntamiento por esta actividad y estaba asentado en la calle del Trinquete. Se relacionaba con Oñate.

Santiago Oñate: Blanca Pujadas

            Santiago Oñate Pérez establecería en Calatayud el primer estudio fotográfico, abriendo un nuevo espacio profesional. De su primer matrimonio con Rosa Malo, viuda de Rafael Blasco, nacería Mariano Oñate Malo, también fotógrafo. En segundas nupcias contraería matrimonio con una joven alumna, Isabel Lafuente, que asistía a sus clases de dibujo. Oñate, que alcanzó un meritorio reconocimiento, dispuso ya su despacho en el centro de la ciudad. Con él aprendería su hermano Ricardo Oñate, que se independizaría con los años, aunque sus fotografías no tienen tanta calidad como las de su hermano. Su despacho se localizaba en la calle Marcial. Mariano Oñate Malo (1867-1942) se trasladaría a Madrid, trabajando con el marqués de Cerralbo, que fue un impulsor de las excavaciones arqueológicas.

            Al fallecimiento de Santiago Oñate en 1902, su viuda continuaría con el negocio, contratando a fotógrafos madrileños, para que pudiera aprender su hijo, Santiago Oñate Lafuente.

Eduardo Vidal: Exploradores de Calatayud

            Según Manuel Clavero, la edad dorada de la fotografía bilbilitana comenzaría con la labor de Eduardo Vidal, que compaginaría esta actividad con la enseñanza, siendo profesor de dibujo en su academia de la calle Encuentro, 4, trasladándola más tarde a la calle de Marcial, en el colegio del Ángel Custodio y en la Academia Bilbilitana. Debía haber aprendido las técnicas fotográficas con Santiago Oñate, asociándose y compartiendo gabinete con su hijo mayor Mariano.

            Vidal mejoró el mercadeo, llevando a cabo fotos de grupos en exteriores y postales. Al final del siglo XIX se pondría de moda la tarjeta postal, mucho más económica. Oñate ya la había utilizado estandarizaba, de nueve por trece centímetros. Vidal llevaría a cabo algunas vistas de Paracuellos de Jiloca, Sigüenza y Teruel. También colaboraría en revistas como Actualidades y Blanco y Negro. A su fallecimiento en 1920, su viuda Juana Gurguí, mantendría el estudio.

Mariano Rubio Vergara publicó en Heraldo de Aragón, el 9 de septiembre de 1968, un artículo de  elogio, reconociendo a Vidal como su maestro y segundo padre.

Mariano Rubio: Sixto Celorrio

            La década prodigiosa de la fotografía bilbilitana la ocupará, además de Mariano Rubio, el también pintor José Llanas Senespleda, que tenía abierto estudio en Calatayud y Teruel. Fundaría el grupo pictórico Vicor, relacionándose con los exploradores locales. Editó varias colecciones de postales y colaboró en la prensa, apareciendo fotografías suyas en los diarios La Voz de Aragón y Heraldo de Aragón.

Mariano Rubio: Colegio del Ángel Custodio

            De esta época también es partícipe el murciano Manuel de Andrés Rodero, cuya familia estaba relacionada con la primera enseñanza. Después de dedicarse a la docencia en varias ciudades, abandonó su destino en 1923, siendo expedientado por esta causa, recalando en Alhama de Aragón, quizá por algún problema de salud. De 1924 a 1929 desarrollará su labor como fotógrafo en Calatayud, en su despacho de la calle Terrer, 6 y luego en Sancho y Gil, 4. También continuaría su labor docente, como maestro en Cetina y La Almunia, donde fallecería en 1929.

            Rodero editará postales de Daroca y Aniñón, recogiendo la vida social de Calatayud en la dictadura de Primo de Rivera: Fiesta del Árbol, homenajes a Sixto Celorrio y Bardagí, apertura del centro telefónico, exposición de Pablo Remacha y numerosos banquetes de celebraciones y fiestas. Asimismo estará presente en la inauguración de las escuelas de Cetina y Maluenda, colaborando en los diarios Heraldo de Aragón y La Voz de Aragón.

M. de Andrés Rodero: Homenaje a la Mujer Bilbilitana, 1924.