FOTOGRAFÍAS: FRANCISCO TOBAJAS GALLEGO

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO:

Bien de Interés Cultural del Patrimonio Aragonés.

PROTECCIÓN. HISTORIAL ADMINISTRATIVO:

Declaración: Resolución: 17-4-2006. Publicación: 22-5-2006.

PLAN GENERAL DE ORDENACIÓN URBANA:

            Catalogada. Nivel de Protección Integral.

            www.sipca.es

            Esta torre de vigilancia, obra de mudéjares del siglo XIV, se localiza en una loma próxima a la ermita de San Blas, desde la que se domina todo el valle de Trasmón, teniendo comunicación visual con la llamada Plaza de los Moros, próxima al castillo de Morés. La torre de Saviñán no se comunica visualmente con la torre o atalaya de El Frasno, sino a través de un altozano próximo a la Torre de las Encantadas.

            La torre, de propiedad privada, tiene planta rectangular, de diez metros con cuarenta centímetros, por ocho metros con treinta centímetros, compuesta de tapial y piedras irregulares. El muro donde se aloja la puerta de cañón apuntado es más grueso por tener alojada la escalera, que se apoya sobre un doble muro defensivo. Otro arco apuntado da entrada a la sala baja, por debajo del nivel del suelo, que mide siete metros con cuarenta centímetros, por cinco metros con cincuenta centímetros. Esta sala conserva una interesante bóveda apuntada de ladrillo, reforzada por tres arcos fajones, con iluminación a través de una ventana. La sala superior sería análoga, conservándose los arranques de los tres arcos fajones y la continuación de la escalera. Esta planta conservaba dos vanos: una ventana al oeste y una puerta al este, posiblemente abierta en época posterior, para utilizarse para las faenas agrícolas. Sobre esta planta se dispondría una terraza sin almenas. El grosor de los muros oscila entre un metro y diez centímetros y un metro y veinte centímetros.

            Historia. En una sentencia de 1329 sobre el heredamiento de Trasmón, aparece como testigo Pedro Pérez Zapata, escudero y habitante en el castillo de Trasmón. En 1347 Jimeno Pérez Zapata, escudero, era señor del castillo de Trasmón, término de Saviñán. En 1415 Gonzalo de Revolo, procurador y administrador de las rentas reales, era escudero de la casa llamada de Trasmón, que al parecer había sido confiscada a Antón de Luna, por su apoyo al conde de Urgel como sucesor a la Corona de Aragón. En 1416 el nuevo rey de la casa de Trastámara, Fernando I, donará a Juan de Luna el derecho perteneciente al rey en el lugar de Purroy y en la torre de Trasmón, que habían sido confiscados a Antón de Luna.

En 1479 se daba una sentencia arbitral por Pedro Pujadas, escudero de Calatayud, Martín de Monfort, de La Vilueña, Martín Navarro, de Miedes, y Bartolomé Crespo, de Munébrega, a causa de unas diferencias entre Pedro de Luna, señor de Purroy, y el Concejo de Saviñán, sobre unas heredades y la torre del val de Trasmón. En ella sentenciaron que la torre y sus heredades se encontraban en el término de Saviñán y que la jurisdicción civil pertenecía a los jurados de este lugar. Pedro de Luna, señor de la torre, no tenía sobre ella ni sobre sus heredades jurisdicción civil ni criminal.

            La propiedad de la torre estaría en manos de la familia Luna hasta que, a consecuencia de las alteraciones de Aragón, por los sucesos del secretario real Antonio Pérez, Juan de Luna fue decapitado y sus bienes confiscados por el rey en 1592. Fueron donados en 1599 al duque de Lerma, quien en 1608, estando próxima la expulsión de los moriscos, vendió a Juan de Chavarri, primer barón de Purroy.

            Archivo Histórico Nacional, Clero, Carp. 3603, nº 13 y Carp. 3606, nº 10.

Archivo de la Corona de Aragón, Real Patrimonio, Reg. 2661 y Reg. 2585.

Asensio Esteban, J. A. (2006): «La torre de las Encantadas de Sabiñán. Una interpretación histórica y arqueológica», Enebro 50, Saviñán.

Gimeno Val, S. (2008): Purroy. Caminando a través de su historia, La Almunia.

Guitart Aparicio, C. (1976): Castillos de la Comunidad de Calatayud (edición facsímil 2004), Centro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud, 104.

Lafoz Rabaza, H (2000): Colección diplomática de Santa María la Mayor de Calatayud, Institución Fernando el Católico, Zaragoza.

Quílez, A. (1984): «El antiguo torreón de Sabiñán en su última etapa», Heraldo de Aragón, 1 de abril.

Tesoros y leyendas. Carlos Gasca contaba en el desaparecido boletín local Cauce y Caudal (1974-1978) unos hechos acaecidos durante la tercera guerra carlista. Por entonces una fuerza militar carlista ocupó esta zona del Jalón, dominando desde Embid hasta Morata, poniendo centinelas en los estrechos del río y en el torreón de Saviñán, donde los soldados encontraron un pasadizo secreto. Estos centinelas se relevaban desde Saviñán, donde hicieron amistades. Pero este dominio fue breve y tuvieron que unirse al resto del ejército carlista que estaba en Estella. Al terminar la guerra, uno de los soldados que había hecho guardia en el torreón, se echó al monte como bandolero y acabó en el penal de Deusto. Desde allí se carteaba con Roque Gasca Serrano, abuelo de Carlos, y con sus amigos. En las cartas, el preso decía que si le enviaban cierta cantidad, revelaría donde estaba enterrado el dinero de su unidad militar. Entre ocho o diez amigos acordaron enviarle unas onzas de oro y a cambio recibieron las instrucciones. Debían ir al torreón, medir treinta pasos hacia el norte y mover una gran piedra que escondía un pasadizo. Y así lo hicieron. Trabajaban de noche con ayuda de linternas y candiles, para evitar a los curiosos. Poco a poco fueron quitando tierra hasta que dieron con una escalera, que debía dar a la sala baja del torreón, pero un corrimiento de tierras apagó los candiles. Cundió el desaliento y abandonaron el proyecto. Los viejos del pueblo decían que las encantadas del torreón apagaban los faroles.

Parece ser que José Gracián Gasca desconocía la leyenda de las Encantadas, pues nada cuenta de ella al hablar del torreón. Señalaba que ya en el siglo XVI aparecía en Trasmón una partida llamada torre de las doncellas. Y se preguntaba si sería la misma que entonces llamaban de las Encantadas, pues su apelativo señalaba la existencia de alguna leyenda relacionada con el tesoro, que se creyó escondido en esta torre y que algunos vecinos habían tratado de descubrir removiendo la cueva o cisterna que había a poca distancia de la torre.

La leyenda de las doncellas encantadas la publicó Ángel Quílez en Heraldo de Aragón en 1984, a quien copió Juan Domínguez Lasierra. La Asociación Cultural de Saviñán convoca todos los años a sus socios a una merienda a los pies del torreón, para esperar el vuelo de las tres palomas blancas la noche de San Juan.

Cuenta la leyenda que el acaudalado Abben Xumanda era padre de tres hijas muy bellas, de veinte, dieciocho y dieciséis años, que estaban enamoradas de tres jóvenes cristianos de humilde condición. Su padre no consentía estas relaciones y decidió alejarlas por algún tiempo del lugar. Confió sus temores a su mayordomo Rodrigo y le mandó que las llevara de noche a su torreón de Mingorrea o de Trasmón, que estaba alejado del lugar, en medio de sus campos de olivos. Él sería su guardián.

Sus amantes las buscaron día tras día sin ningún resultado. Su desaparición era todo un misterio. Un buen día un cazador que recorría los montes de Trasmón y de la torre, oyó la voz de una joven doncella que cantaba una bella melodía. El cazador lo comentó con las gentes del lugar y los jóvenes enamorados se dirigieron raudos hacia el torreón en busca de sus amadas. Rodrigo, su guardián, condescendió a este primer encuentro y  ya no pudo resistirse a los siguientes.

Pronto llegó a oídos de Abben Xumanda aquellos reencuentros prohibidos y mandó a tres hombres para que apresaran a los jóvenes cristianos. La misma noche de San Juan, apostados en la espesura de los campos cercanos, pudieron observar cómo Rodrigo abría la puerta de la torre a tres hombres. Los criados de Abben Xumanda corrieron hacia el torreón, golpearon la puerta y fueron recibidos por los tres jóvenes amantes desarmados. En lucha tan desigual, resultaron muertos los tres jóvenes cristianos a la puerta de la atalaya y a la luz de la luna. Las tres doncellas lanzaron gritos de dolor al ver a sus amantes tendidos en el suelo, mientras los asesinos huían a dar razón de lo ocurrido a su amo.

A partir de esa noche nadie se puso de acuerdo en lo que ocurrió con las tres doncellas. Unos aseguraban que las tres hermanas habían seguido la misma suerte que sus amantes, lanzándose desde lo alto de la torre. Otros, en cambio, decían que Rodrigo aún pudo consolarlas.

Al amanecer de aquel día de San Juan, las gentes de los lugares cercanos se enteraron de esta triste noticia. Abben Xumanda, una vez consumado su deseo, fue a ver a sus hijas a la torre, pero Rodrigo le informó que tras la muerte de sus amantes, habían huido rotas de dolor por los montes y no habían regresado. Abben Xumanda mandó a sus criados recorrer todos los lugares de la región en su busca, pero no pudieron dar con su rastro. Por deseo de su amo, Rodrigo quedó en el torreón esperando también su vuelta.

Abben Xumanda había perdido a sus hijas, que era lo que más quería en el mundo. ¡Ojalá las hubiera dejado casar antes de perderlas para siempre!

Cuando todo quedó tranquilo, cuentan que Rodrigo llamó a las tres doncellas, que se habían escondido en una gruta cercana, bajo el torreón. Y allí dicen que vivieron sin ser descubiertas por nadie, saliendo solamente de su cautiverio por las noches. Cuentan también que un fraile peregrino convirtió al cristianismo a las doncellas y a su criado, al que mandaron traerles  tres palomas blancas para que les hicieran compañía.

Todas las noches de San Juan, Abben Xumanda regresaba al torreón por ver si sus hijas habían regresado. Todos los años tres palomas blancas se veían revolotear por las almenas de la torre o se posaban a beber el agua del manantial. Entre sollozos Abben Xumanda pensó que estas tres palomas podían ser sus hijas, que le venían a recordar su mal proceder. Padre y criado se consolaban mutuamente por la pérdida de las doncellas.

Desde entonces el torreón cobró fama de estar encantado, pues algunos labradores decían haber oído voces que venían de aquella atalaya abandonada. Cuentan que allí pasaron su vida las tres bellas hijas de Abben Xumanda, recordando cada día a sus jóvenes amantes y cuidando de las tres palomas.

Domínguez Lasierra, J. (1984-1986): «Las doncellas de Sabiñán», Aragon legendario, II, Zaragoza, 98-100.

Gasca Ibarra, C: (1976): «El torreón de Sabiñán», Cauce y Caudal, Saviñán.

Gracián Gasca, J. (1919): Notas para la historia de Saviñán, ms.

Quílez, A. (1984): «La prisión de las doncellas encantadas», Heraldo de Aragón, 27 de mayo.

Tobajas Gallego, F. (2007): «Margarito Cormán Villareal», Cosas de mi tierra, Jigí Seme, 47.

Zapater, A. (1978): «Sabiñán, donde se conserva el cráneo de Benedicito XIII, el Papa Luna», Heraldo de Aragón, 16 de julio.