FOTOGRAFÍAS: FRANCISCO TOBAJAS GALLEGO

PLAN GENERAL DE ORDENACIÓN URBANA: Catalogada. Nivel de protección Integral.

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            Se sitúa en un promontorio que domina el pueblo extendido a sus pies y un amplio tramo de la vega del río Jalón. Es de propiedad municipal.

            La actual ermita fue construida en el siglo XVIII, en el mismo lugar donde se levantaba otra más pequeña dedicada al santo, posiblemente a iniciativa del canónigo José Martínez Saldaña, al que ayudaron a costear las obras la Cofradía de San Roque, el vecindario, el Concejo y las Juntas de Aguas. Es tradición que las tejas y ladrillos que se emplearon en las obras, se subieron a mano desde la tejería, colocándose todos los vecinos en cuerda.

            Al iniciarse la Guerra de Sucesión, la obra estaba en los cimientos y tuvo que suspenderse, quedando concluida hacia 1730. La imagen de San Roque fue costeada por el canónigo José Martínez Saldaña, pues lleva las armas de esta familia infanzona.

La ermita tiene planta de cruz latina. Los tres tramos de la nave, los brazos del crucero y el presbiterio se cubren con bóvedas de medio cañón con lunetos. El tramo central se cubre con bóveda semiesférica sobre pechinas. Los muros exteriores presentan un aparejo mixto de machones de ladrillo y cajones de barro revocados. Tiene pórtico a los pies, con tres arcos de medio punto que dan paso a la portada. Sobre el pórtico se dispone un óculo que ilumina la nave y el campanil.

En un acta municipal del 1 de agosto de 1931, el concejo acordó invitar al pueblo a que contribuyera con sus donativos a la reparación de la ermita de San Roque. Una comisión del ayuntamiento se haría cargo de los donativos. El 18 de agosto se nombraría para ello al concejal José Sánchez, que llevaría una lista con el nombre y las cantidades aportadas. El Noticiero de Zaragoza informaba el 21 de agosto de ese mismo año, que el Ayuntamiento de Saviñán había abierto una suscripción popular para recaudar fondos «con el fin de restaurar el estado ruinoso en que se encontraba la ermita de San Roque».

En el acta del 8 de julio de 1940 se nombraban a los concejales Pascual Sanjuán Mené y Francisco Pina para que representaran al ayuntamiento, formando parte de la comisión, que junto al párroco y a otras personas, vieran el modo de reunir recursos para la restauración de la ermita de San Roque. Esta nueva comisión debió dar el empuje necesario para el definitivo comienzo de las obras.

El arquitecto José María Lafuente elaboró en 1943 un proyecto para la restauración de la ermita, que incluye memoria, mediciones, presupuesto y planos de aquellas obras. En la memoria del proyecto, el arquitecto señalaba que se observaban grandes grietas verticales en todos los muros de la ermita. Estas grietas eran debidas a que el material de los muros, compuestos de mampostería y ladrillo con mortero de cal, se había disgregado al estar a la intemperie. Debido al empuje de los arcos torales, los contrafuertes exteriores donde apoyaban se habían separado del muro, girando en la dirección del empuje, debido también a la mala unión con el resto del muro. Esto ocasionaba que las bóvedas y los arcos estuvieran agrietados en la clave, con inminente peligro de derrumbamiento. La cubierta de madera sobre las bóvedas también estaba en mal estado, agravando su deterioro. Quizá ya en el siglo XIX debió elevarse la altura de las naves de la ermita y sobre el atrio se añadió un cuerpo en toda su altura, para que sirviera de coro. Por ello se abrió un gran arco en el antiguo muro que hacía de fachada principal, ocasionando grandes grietas en los arcos del atrio de la ermita.

En esta memoria se describían igualmente las obras a llevar a cabo. Primeramente se derribarían las bóvedas de la nave central, excepto la del presbiterio y la cúpula sobre pechinas del crucero, que estaban en buen estado. Para evitar el empuje de las bóvedas y de los arcos, se haría una cadena corrida de hormigón armado en todos los muros, a la altura del apoyo de las bóvedas, para absorber dicho empuje. Los arcos torales se atirantarían por medio de dos varillas de veinte milímetros, ancladas convenientemente en la cadena de hormigón. Las bóvedas se reharían con dos roscas de ladrillo macizo y los arcos torales de un pie y medio de espesor. Se derribaría por completo el cuerpo de la entrada, dejando la nave principal como antaño, rehaciendo solamente el atrio de una sola altura. La cubierta se haría toda nueva, con armadura de madera y cubeta de teja árabe a torta y lomo sobre cañizos. Las grietas de los muros se rellenarían sujetándose con llaves de ladrillo, de cuarenta centímetros de altura por un metro de anchura, separadas entre sí por alturas de metro y medio. Los muros interiores se pintarían a la cal, los exteriores de jaharrarían y se estucarían a la cal. El suelo de la ermita se embaldosaría con baldosa hidráulica y el atrio con baldosín estriado.

El presupuesto, con la carpintería y cristalería, ascendía a 97.202,80 pesetas, a lo que había que añadir los honorarios del arquitecto y aparejador, resultando un total de 102.257,34 pesetas. El proyecto fue visado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón y Rioja el 2 de junio de 1943.

Los gastos aparecen anotados desde abril de 1941 en un cuaderno manuscrito, en el que se iban apuntando los portes y acarreos de la madera, compra de cañizos, clavos, trócolas, yeso, cemento, picos y cubos. Los jornales se anotaban por semanas. Hasta el año 1951 los gastos ascendieron a 155.220,75 pesetas.

Entre los ingresos se recoge en marzo de 1941, la entrega por el párroco de 250 pesetas del teatro. El 20 de abril se anotaban 660,15 pesetas de la suscripción vieja. El 6 de abril de 1942 el ayuntamiento acordó la enajenación de los bienes propios de la ermita, en el caso de ser necesarios para su restauración. El 30 de agosto de 1943 se anotó el ingreso de 6.000 pesetas proveniente de la venta de las Marías y el 12 de febrero de 1944 la venta de un retablo que no se detalla por 1.000 pesetas. El 31 de julio de 1944 se anotaba el ingreso de 500 pesetas del sobrante del peirón de la Virgen del Pilar. Se hicieron también rifas, sorteos y participaciones de lotería. En 1947 se vendieron fotografías de San Roque.

La lista de donantes es interminable. Todos los vecinos entregaron alguna cantidad, en la medida de sus posibilidades. Tampoco faltó con su apoyo el ayuntamiento, el obispo de Tarazona, el gobernador y hasta el señor Álvarez desde Buenos Aires. Los ingresos registrados hasta diciembre de 1951 ascendieron a 155.324,50 pesetas.

En 1947, a instancia del párroco y de varios devotos de San Roque, se reorganizó la Cofradía con la finalidad de «asegurar los actos religiosos» tradicionales, dejando que la Comisión de fiestas organizara y costeara los actos profanos. Como Pascual Sanjuán Mené había sido «alma» de las obras de la ermita, se acordó que fuera él el prior de este año de 1947, como «premio a su larga labor». Como abanderado fue elegido Jesús Gimeno Sanjuán, ocupando el resto de los cargos las personas que seguían a éste en la lista general que no conocemos.

Para las fiestas de San Roque de 1947 se editó un programa. En él la Comisión de Obras informaba que todavía quedaba por tapar y colocar crucetas en las grietas de los muros exteriores, y recoger las boca tejas de los aleros. Por ello no había sido posible presentar un balance de cuentas. La obra había pasado por muchos momentos difíciles. El aparejador de la obra fue Bienvenido Daina, participando en ellas el maestro albañil de Saviñán Pedro de la Concepción y el decorador Manuel Pericás, junto a otros obreros. El encargado había sido Juan Lacruz.

El día de San Roque de aquel año se celebró misa en la ermita, a la que se invitó a Alfredo Sarto, principal donante de las obras, al arquitecto y al aparejador. Aquel año se instauró la costumbre de llevar la reliquia a los cofrades enfermos. Se celebraron carreras pedestres y de bicicletas, bailes, encierros de vaquillas y actuó un cuadro de cantadores y bailadores de jota, dirigidos por Matías Maluenda, que había conseguido el primer premio en el Certamen Oficial de Jota de 1946, a los que siguió una ronda.

El prior de la Cofradía de San Roque publicó en el programa de fiestas una bella y emotiva ofrenda al santo:

 

Con todos los respetos y todos mis amores,

mis esperanzas todas y toda mi humildad,

de rodillas me tienes, ¡oh, Glorioso San Roque!,

valedor del que sufre, curador de su mal.

No vengo a suplicarte prebendas ni favores,

ni aquello que a tus ojos pudiera merecer,

pues aunque muchos vean la ocasión de pedirte,

yo creo que aún estamos en hora de ofrecer.

Vengo pues a ofrendarte de mi vida cansada,

lo mejor que aún le quede de entusiasmo y fervor.

Y a tus pies peregrinos, buscadores de males,

humilla mi trabajo, mi desvelo y honor.

No mires el ropaje de estas pobres endechas,

que brotan de mi pecho sentidas como ves.

Yo sé que lo que pide quien va peor vestido,

está siempre más cerca de que Tú se lo des.

Y porque sé, buen Santo, que no sabes de olvidos

y quieres que este pueblo sea tuyo otra vez…

Tan solo esto te pido. Que veles por tus hijos.

Restaura sus costumbres y acrecienta su fe.

 

            En 1994 se crearía una Junta de Obras para la restauración de la ermita de San Roque.

            Retablo de San José. Es de mazonería del siglo XVIII. En el piso destaca la imagen policromada de San José. También alberga dos imágenes sin policromar de San Joaquín y Santa Ana, y en el ático la Virgen del Pilar sin policromar.

            Retablo de la Virgen del Río. Antiguamente tenía culto en la ermita de Santa María. Hacia 1860 este retablo se trasladó a la parroquial de San Pedro y más tarde se depositó en la ermita de San Roque.

Tobajas Gallego, F. (2006): San Roque en Saviñán. Historia, devoción, fiestas y cofradía, Jigí Seme.

-(2012): «Restauración de la ermita de San Roque», Enebro 75, Saviñán.